octubre 30, 2010

¿INVOCAS EL SILENCIO?

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¿Invocas el silencio?
Cantarás si invocas el silencio.
Larga historia nos hubiéramos contado
si aquel día que estuvimos juntos hubiéramos sabido.
No son gaviotas, no son desastres;
las sombras que pasan no son madres,
no son diademas, no son ciudades arrasadas.
Y si lo son, ¿quién se atreve a nombrarlas?
Débil, muy débil. Tan débil
que no habrá mentira que pueda protegerte tanto.
Había una mano detrás de la cortina.
Creí que la había.
Había un juguete en el rincón.
Creí que lo había.
Una palabra te hizo feliz.
Creí que la había.
Había un antifaz envenenado.
Creí que lo había.
Lloré cuando vivíamos. Otros también lloraron.
Creímos aquellas cosas. Hicimos mal. Pero las había.


¿Invocas el silencio?
Gritarás si invocas el silencio.


Larga historia nos hubiéramos contado
si aquellos años que estuvimos juntos hubiéramos sabido.
Viajaron los sabios, la mano y las sonrisas.
Viajó la venganza sentada en su sitio.
Fueron sencillos los encuentros:
allí los ojos adolescentes, allí las sospechas gárgolas,
allí los cuerpos sumisos, allí la piel,
la piel, la piel; allí la piel,
la piel envejeciendo, la piel envejecida.
Asunto demasiado grave. Matiza:
¿Envejeciendo? ¿Envejecida?
Hubo una mirada en los ojos míos.
Creíste que la había.


Aunque llueva y los tilos sean árboles evidentes
no podrá, ni siquiera en la sombra,
no podrá la torpeza ser perdonada, no podrá.
En el descanso no podrá la torpeza
ser perdonada, no podrá.
Arrastrando manos tristes, antiguos cariños,
ojos tristes, despedida dulce, antiguos cariños,
arrastrando voz amable, labio tierno,
entrega confiada, arrastrando tanta ropa
laboriosamente, amorosamente desgastada
no podrá la torpeza ser perdonada.
No podrá.
Estuvimos allí. Otros también estuvieron.
No era preciso hacer comentarios. Pero los hicimos.



José Luis Miranda Roldán
de Invocación al silencio
Las palabras y el frío, antología poética

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