noviembre 19, 2010

ALEJANDRA PIZARNIK

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Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo? Deseaba un silencio perfecto. Por eso hablo.

Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.

No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.

La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.

Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo.

Y yo sola con mis voces, y tú tanto estás del otro lado que te confundo conmigo.

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

La noche tiene la forma de un grito de lobo.

Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

No quiero ir nada más que hasta el fondo.

lo que pasa con el alma es que no se ve lo que pasa con la mente es que no se ve lo que pasa con el espíritu es que no se ve ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? ninguna palabra es visible

La realidad nos ha olvidado y lo malo es que uno no se muere de eso.

Lo malo de la vida es que no es lo que creemos pero tampoco lo contrario.


Si tienes algo que decir, dilo.

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