diciembre 11, 2010

ISAAC ASIMOV

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La violencia es el último recurso del incompetente.

En primer lugar acabemos con Sócrates, porque ya estoy harto de este invento de que no saber nada es un signo de sabiduría.

La autoeducación es, estoy convencido, el único tipo de educación  que existe.

No tengo miedo a los ordenadores. A lo que tengo miedo es a la falta de ellos.

Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien.

Para tener éxito, la planificación sola es insuficiente. Uno debe improvisar también.

El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría.

La frase más excitante que se puede oír en ciencia, la que anuncia nuevos descubrimientos, no es "¡Eureka!" (¡Lo encontré!) sino "Es extraño...".

Soy ateo y punto. No tengo evidencia para probar que dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo.

Nos acostumbramos a la violencia, y esto no es bueno para nuestra sociedad. Una población insensible es una población peligrosa.

Si cada año estuviéramos ciegos por un día, gozaríamos en los restantes trescientos sesenta y cuatro.

Las normas establecidas con razón y con justicia, pueden dejar de ser útiles al cambiar las circunstancias, pero al permitir que continúen vigentes por la fuerza de la inercia, entonces, no sólo es justo, sino también útil, quebrantar aquellas que nos anuncian el hecho de que son inútiles, o incluso realmente perjudiciales.

Cuanto más cercana a la verdad, mejor será la mentira, y la misma verdad, cuando puede utilizarse, es la mejor mentira.

Le faltaba irregularidad, le faltaba el caos de la vida permanente en la que una habitación, o incluso sólo una mesa, se adapta a las sinuosidades y fluctuaciones de una personalidad particular.

Los hombres que se acostumbran a preocuparse por las necesidades de unas máquinas, se vuelven insensibles respecto a las necesidades de los hombres.

Propiamente leída, la Biblia es la fuerza más potente para el ateísmo jamás concebida.

Realmente, casi no es necesario que hagamos el bien. Lo que hace falta es que dejemos de hacer el mal, ¡caramba!

El peligro es que un hijo nacido en el trono casi con seguridad se echa a perder. Recibe demasiados halagos y demasiado poder, y confunde el accidente del nacimiento con las realizaciones de valor.

Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción.

La vida es agradable. La muerte es pacífica. El problema es la transición.

Nada altera mi concentración. Podrías hacer una orgía en mi oficina y yo no miraría. Bueno, quizá una vez.

Espera mil años y verás que se vuelve preciosa hasta la basura dejada atrás por una civilización extinta.

La ciencia se construye a partir de aproximaciones que gradualmente se acercan a la verdad.


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