diciembre 04, 2010

SILVIO RODRÍGUEZ

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El cielo me libre de la cordura.

Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como doy el amor.

Unos dicen que aquí, otros dicen que allá y sólo quiero decir, sólo quiero cantar, y no importa que luego me suspendan la función.

Hay locuras que son poesía, hay locuras de un raro lugar. Hay locuras sin nombre, sin fecha, sin cura, que no vale la pena curar.

Ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto: una luz cegadora, un disparo de nieve; ojalá por lo menos que me lleve la muerte para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones. Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

La angustia es el precio de ser uno mismo.

Qué fácil es protestar por la bomba que cayó a mil kilómetros del ropero y del refrigerador.

Te amaré, te amaré como al mundo, te amaré aunque tenga final, te amaré, te amaré en lo profundo. Te amaré como tengo que amar, te amaré, te amaré como pueda, te amaré, aunque no sea la paz. Te amaré, te amaré lo que queda, te amaré cuando acabe de amar. Te amaré, te amaré si estoy muerto, te amaré el día siguiente además, te amaré, te amaré como siento, te amaré con adiós, con jamás. Te amaré, te amaré junto al viento, te amaré como único ser. Te amaré hasta el fin de los tiempos, te amaré, y después, te amaré.

Te quiero salvar de tu desnudez en pleno centro de la soledad.

Yo he preferido hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado.

La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor y hay que acudir corriendo, pues se cae el porvenir.

Vaya con suerte quien se crea astuto porque ha sabido acumular objetos. Pobre mortal que, desalmado y bruto, perdió el amor y se perdió el respeto.

Tolerancia, tolerancia, palabrita en el mantel, pocos platos se la sirven, muchas bocas a comer.

Para pretender el mundo es largo, para conformarse se ha inventado el jamás.

La prisa lleva maravilla y lleva error, pero viajamos sobre rueda encabritada. He despertado en el ojo del ciclón, cuento millones de agujeros en el alma.

Las ideas son balas hoy día y no puedo usar flores por ti.

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo. Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio: la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio.

¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?

Si tienes algo que decir, dilo.

Se aceptan quejas, reclamaciones y críticas constructivas. Tarjetas, no.