diciembre 22, 2010

WASSILY KANDINSKY

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El crítico de arte es el peor enemigo del arte.

El color es en general un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El ojo es el martillo templador. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana.

Pretender resucitar premisas artísticas del pasado puede dar como resultado, en el mejor de los casos, obras de arte que son como un niño muerto antes de ver la luz.

El artista ha de tener algo que decir, pues su deber no es dominar la forma sino adecuarla a un contenido.

El elemento objetivo dará lugar a que la obra de hoy diga en el futuro "yo soy" en vez de "yo fui".

El artista debe ser ciego frente a la forma reconocida o no, del mismo modo que debe ser sordo a las enseñanzas y los deseos de su tiempo.

Una cosa se me hizo manifiesta: que la objetividad, la descripción del objeto, no era necesaria en mis pinturas y que en realidad les perjudicaba.

La pintura abstracta es la más difícil. Exige saber dibujar bien, tener una mayor sensibilidad para la composición y los colores, y ser un verdadero poeta. Esto último es esencial.

No hay necesidad en el arte porque el arte es libre.

El impacto del ángulo agudo de un triángulo en un círculo produce un efecto no menos poderoso que el dedo de Dios tocando el dedo de Adán de Miguel Ángel.

Los visionarios solitarios son despreciados o considerados como anormales y excéntricos.

Nuestras mentes, que justo ahora acaban de despertar después de años de materialismo, están infectadas con la desesperación de la incredulidad, la falta de propósitos e ideales. La pesadilla del materialismo, que ha convertido la vida del universo en un juego malo, inútil, todavía no ha terminado.

Si tienes algo que decir, dilo.

Se aceptan quejas, reclamaciones y críticas constructivas. Tarjetas, no.