enero 18, 2011

JEAN-ARTHUR RIMBAUD

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Yo debería tener un infierno para mi cólera, un infierno para mi orgullo, y el infierno de las caricias; un concierto de infiernos.

El poeta es realmente ladrón de fuego.

Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Qué lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo, si avanzamos.

A nuestro deseo le hace falta la música sabia.

Mediante la poesía se llega a lo desconocido.

Es falso decir "Yo pienso"; deberíamos decir "Alguien me piensa".

El Poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos.

Soy un efímero y no demasiado descontento ciudadano de una metrópoli creída moderna porque todo gusto conocido ha sido evitado en los mobiliarios y en el exterior de las casas así como en el trazado de la ciudad.

¡Si volviera el tiempo, el tiempo que fue! Porque el hombre ha terminado, el hombre representó ya todos sus papeles.

Cambia nuestra suerte, acribilla las plagas comenzando por el tiempo.

Hay una catedral descendente y un lago ascendente. Hay un pequeño carruaje abandonado en el soto, o bien bajando a toda prisa por el sendero, adornado con cintas. Hay una compañía de cómicos ambulantes, vestidos para la representación, divisados en el camino por entre la linde del bosque. Hay siempre, en fin, cuando se tiene hambre y sed, alguien que llega y os echa de allí.

He visto algunas veces lo que el hombre ha creído ver.

La vida es la farsa que todos debemos representar.

De mis ancestros conservo los ojos celestes, el cerebro estrecho y la imprudencia de la lucha.

Golpeó una puerta, y, en la plaza de la aldea, el niño hizo girar sus brazos, comprendido por las veletas y los gallos de los campanarios de todas partes, bajo el deslumbrante chubasco.

Soy el santo, orando en la terraza, como las bestias pacíficas que pacen hasta el mar de Palestina. Soy el sabio del sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca.

Yo es otro.

La moral es la debilidad del cerebro.

Me creo en el infierno, luego estoy allí.

Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.

¡Qué vida! La auténtica vida está en otra parte. No estamos en el mundo.

Yo no amo a las mujeres. El amor hay que reinventarlo, todo el mundo lo sabe.

El genio es la recuperación de la infancia a voluntad.

Si tienes algo que decir, dilo.

Se aceptan quejas, reclamaciones y críticas constructivas. Tarjetas, no.