mayo 05, 2012

DE SERES Y HUMANOS

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Día 1


¡Uf, es tardísimo!, ya se está poniendo el sol. ¿Cuánto he dormido? Deben haber pasado horas, me sienta mal dormir tanto, estoy aturdido, como mareado.

Es extraño, Marcos siempre me despierta antes... ¡¿Marcos?! ¿Estás ahí? !Marcos! ¿Le habrá ocurrido algo?

Estoy preocupado. ¿Dónde estará? Es muy tarde, me cuesta tanto mantener los ojos abiertos...

Día 2


Ahhhgggg... Buenos días mundo, ayer tuve un sueño tan extraño. ¡Marcos! ¡Marcos! Ven que te cuente mi sueño, no te lo vas a creer. ¿Marcos?

¿Dónde estoy? No reconozco este lugar. Tal vez haya venido con él y no lo recuerde, fue un día tan raro...

No debe andar lejos. ¡Marcos ya he despertado!

Día 3


Llevo horas buscando y nada, incluso he estado toda la noche mirando por los alrededores. No consigo encontrarle, empiezo a estar muy preocupado.

Mi estómago me dice que debo parar a comer algo, empiezo a sentirme agotado, pero en cuanto coma seguiré y lo encontraré. Puede haberle ocurrido cualquier cosa y no me lo perdonaría si es así, debo dar con él.

Día 4


Ya no se qué hacer, he buscado por todos sitios y ni rastro de Marcos, estoy tan preocupado. Le ha tenido que ocurrir algo, seguro, y yo no estoy allí con él, ¡me siento tan desesperado! Pero debo seguir, lo sé.

Apenas he comido estos días lo justo para poder continuar, y lo peor es que no he conseguido nada, ni un solo indicio, nada que me ayude a saber dónde está, a saber dónde buscarlo.

No está aquí.

Algo malo ha ocurrido, lo sé, lo siento. Es hora de buscarle en otros sitios, preguntaré por él, quizás alguien de por aquí lo haya visto.

Marcos es mi amigo, mi hermano, mi yo. Crecimos juntos, cada día pasábamos horas y horas jugando, riendo, soñando... Hemos compartido buenos y malos momentos, como aquella vez que su madre le castigó y no dejó que nos viésemos en tres días, o aquella otra en la que tuvo que irse para curarse porque se había roto una pierna. Recuerdo que esa vez fui yo quien lo encontró llorando, se había caído de un árbol del parque, ¿quién le mandaría subirse a ese árbol?, mira que le avisé, pero Marcos siempre ha sido así, tan loco, tan feliz. Recuerdo que corrí como nunca a buscar a su madre. A ella jamás le he caído muy bien así que me costó un poco que me escuchase, pero cuando por fin lo hizo corrió tanto como yo. Es una gran madre y quiere mucho a Marcos, por eso en algunas ocasiones es tan dura con él.

Salvo esas dos veces nunca más hemos pasado un solo día sin vernos. Por eso me preocupo aun más. Si le ha ocurrido algo no estaré allí para socorrerlo, o para avisar a su madre, si le ha ocurrido algo me necesitará. Tanto como yo lo necesito a él a mi lado.

Día 7


Llevo tres días recorriéndome las casas de la zona. Están muy alejadas unas de otras, por lo que deambulo por el campo sin saber muy bien hacia dónde ir ni a quién preguntar, pero sé que cada día que pasa es un día más en el que Marcos puede estar necesitándome, un día más sin acompañarlo, sin protegerlo, sin cuidarlo.

Hay gente muy amable, gente que me ayuda dándome algo de comer para que pueda continuar mi búsqueda. Pero los perros... ellos no se alegran tanto de verme. Ladran y ladran como si les fuese la vida en ello, defienden su casa, lo sé, pero yo no soy un enemigo, solo busco a Marcos, solo busco mi hogar.

Necesito encontrar a más personas, alguien debe haberlo visto.

Día 10


Hace tres días que llegué a este pueblo. Desde entonces no he hecho más que encontrarme a personas, algunas muy mayores, otras jóvenes, pero todos miran hacia otro lado al verme. Ayer una mujer me golpeó con una escoba solo por acercarme a ella con la cabeza baja; aunque otros como el viejo que se sienta cada tarde junto a los escalones me acarician y me dan de beber. Nunca sé qué va a ocurrir cuando intento preguntarles por Marcos, pero eso no me importa, lo realmente importante es que un día una de estas personas me dirá que lo conoce, que lo ha visto, que sabe dónde está.

¡Tengo un picor insoportable!, si no para me volverá loco. Nunca antes me había pasado esto, en casa no existen estos bichos diminutos que se cuelan entre mi pelo para morderme sin cesar. Marcos siempre me dice que debemos estar limpios, sobre todo antes de salir a pasear por el barrio. Cada tarde Marcos y yo nos ponemos guapos y llegamos dando un paseo hasta la casa de esa chica, la de las trenzas, que tan colorado lo pone siempre que le llama pecoso. Antes de salir nos peinamos, nos cepillamos, nos ponemos unas gotitas de colonia y allí vamos, a conquistar a una chica. Echo tanto de menos esos ratos...

Día 14


Estoy mareado. Cada mañana voy a una fuente donde puedo beber un poco antes de comenzar la búsqueda, pero hoy me faltan las fuerzas. Esta herida me duele cada vez más, los malditos bichos me picaban. Me mordían tanto que perdí el control y me herí con mis propias uñas. Tal vez el agua de la fuente pueda aliviarme, es hora de ponerse en marcha.

Me cruzo con gente, siempre caras nuevas, pero nadie que pueda ayudarme, nadie que se acerque a mí. Yo sí me acerco a ellos, cada vez con más cautela y miedo. Ayer quise preguntarle a unos chicos que charlaban en un jardín, pero ellos al verme me insultaron. Pensé que me escucharían porque junto a su banco descansaba un hermoso perro, bien cuidado, feliz. Creí que con un compañero así sería fácil que me entendiesen y quisiesen ayudarme, pero el ser humano es extraño, impredecible y muy contradictorio. Después de gritarme llamaron a su hermoso compañero, que inmediatamente salió corriendo hacia mí enseñándome toda su dentadura. Yo no soy violento, no sé luchar, nunca me han enseñado y no creí que debiera aprenderlo, pero ese perro... ese sabía muy bien dónde golpear, dónde morder. Corrí todo lo que pude hasta que mi cansada vista se nubló, pero no fue suficiente.

Estoy mareado, dolorido, hambriento y solo. Marcos...

Día 20


Últimamente ya no pregunto, no me acerco a nadie, he reducido mi búsqueda al olfato y la vista, es lo mejor. No podría soportar un ataque más, una patada más. ¿Por qué reaccionan así? ¿Qué les he hecho yo? Debo beber algo, debo llegar a la fuente.

Los domingos los chicos juegan a la pelota en el parque, el mismo al que voy a beber. Ya puedo verlos desde aquí. Un momento, ese chico... ¿Marcos? ¡Marcos! ¡¡Marcooos!! ¡Sí, por fin! ¡Marcos, soy yo!

- ¡Ehhh! ¡Chucho estúpido! ¿A dónde vas?

- ¡Coge esa piedra! Vamos a enseñarle al chucho a no molestarnos.

- ¿Marcos? Te pareces tanto a él... Lo siento, no pretendía molestaros, es solo que creí ver a Marcos. Me recuerdas tanto a él, siento haberme acercado.

- ¡Vamos, coged piedras! ¡Tírale, tírale!

- ¡Nooo! Por favor, no... Lo siento, solo me confundí, por favor...

- ¡Maldito chucho pulgoso! ¡Te vas a enterar! ¡Eso, eso, tiradle más!

- ¡Ahh! ¡Ah, ay! Por favor, socorro, ayuda...

- Así aprenderá la lección. Vamos a seguir con el partido, venga, ¡pasadme el balón!

- Ayu... a... ayuda...

Día 22


No sé cuánto he dormido, tengo la boca muy seca y me duele todo el cuerpo. ¿Por qué lo hicieron? Si yo no les hice nada... creí que era él, desde lejos era él, jugaba igual al balón, corría igual... Su pelo y su aspecto me confundieron. No debí acercarme, pero creí que era él.

Necesito beber. ¡Ahhhh! No puedo, la pata me duele mucho... está rota, no puedo caminar. Creo que es el fin, estoy dolorido y cansado. Necesito dormir.

Día 23


¿Qué pasa? ¿Quién eres tú? No me hagas daño por favor. ¿Quién eres?, ¿por qué me coges? No tengo fuerzas para huir, pero no parece que quieras hacerme daño... ¿Dónde me llevas?

- Venga chucho, vamos a tu nueva casa.

¿Casa? Recuerdo esa palabra, es la que pronunciaba Marcos antes de ir al hogar cada día. "Vamos a casa", decía, y los dos paseábamos hasta llegar a nuestro refugio, donde su madre nos esperaba con la comida hecha. Me reconforta esa palabra. Tal vez este sea un buen hombre, puede que alguien me ayude por fin.

- Menudos críos, ¡cómo te han dejado...!

- A ver, sube y no te muevas demasiado.

Día 25


No sé cuánto he dormido y apenas puedo recordar qué ocurrió desde que esos chicos se enfadaron conmigo. Sé que un hombre desconocido me llevó a su coche, un coche que no era como los otros que había visto antes, sino mucho más grande, pero al entrar el espacio resultaba ser minúsculo y oscuro. Creo que no era el único que estaba allí porque pude escuchar a otros perros, pero no los llegué a ver, tal vez solo fuesen alucinaciones... Solo estoy seguro de que me maree tanto que mis ojos se cerraron del todo.

Tengo miedo de abrirlos ahora, el sonido de este lugar me da escalofríos. No sé cuántas voces gritan a la vez, apenas puedo entender qué dicen, algunos piden ayuda, otros salir, varios gruñen y enseñan los dientes... ¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar?

- ¡Hora de limpieza, chicos! ¡Todos fuera!

- ¿Has visto a este?

- Sí, lo trajo el jefe hace dos días. Aun no ha comido nada.

- ¿Y para qué quieres que coma con una pata rota? ¿Acaso no sabes lo que van a hacer con él?

- Sí, lo sé, pero...

- Ni peros ni nada, ¡a limpiar la jaula, que quiero irme a casa pronto!

- Está bien... Lo siento chico, has tenido mala suerte.

- Ya está. Puedes meterlos otra vez dentro.

He notado su mano en mi lomo y he sentido su energía, limpia como la de Marcos. Ahora me atrevo a abrir los ojos, este lugar no debe ser tan malo, al fin y al cabo me han salvado dándome una nueva casa y, por lo que dijo ese chico, en algún lado deben haber dejado algo de comida para mí. Tal vez mi suerte haya cambiado. Aun estoy a tiempo, solo debo comer algo, llegar al agua, abrir los ojos y ser fuerte.

No importa si duele o no, no importa lo difícil que sea. Si como y bebo recuperaré mis fuerzas, me curaré y encontraré a Marcos. Les preguntaré por él mañana.

Día 26


- ¡Buenos días chicos! Toca limpieza.

- ¡Eh, mira: el nuevo está despierto!

- No te encariñes con él, es su tercer día.

- Gracias por traerme a vuestra casa, limpiarme, darme agua y comida. Hacía mucho que nadie se preocupaba por mí.

- Mira, ¡si me lame y todo! Parece un buen animal, ¿cómo habrá acabado aquí?

- Y dale, ¡¿no te he dicho que lo dejes?!

- Necesito ayuda, busco a mi amo, mi compañero. Es un chico pelirrojo, alegre, tiene el pelo un poco más largo que tú y se llama Marcos. Llevo muchos días buscándolo, estará muy preocupado, quizás necesite mi ayuda, tal vez esté enfermo o perdido. Desapareció de repente, un día extraño... sin saber cómo me desperté en el bosque que hay al norte de este pueblo y desde entonces ando como un vagabundo preguntando por él. Pero no lo soy, yo tengo una familia, un hogar. Allí me esperan Marcos y su madre, ayúdeme por favor. ¿Sabe quién es Marcos? Dígame dónde puedo encontrarlo, no sé vivir sin él...

- ¡Joder con el chucho! De estar medio muerto ha pasado a no parar de ladrar.

- Jajaja, anda déjale ahí la comida y vámonos.

- Adiós amigo. Ojalá tengas más suerte en tu próxima vida.

- No se vaya por favor, dígame si lo conoce, si al menos le suena de algo; es un chico menudo, risueño, un poco travieso y mi mejor amigo. ¡No se marche! ¡Ayúdeme! Ya no me quedan fuerzas para seguir yo solo, ayúdeme...

- ¡Venga! Que aún nos quedan todas las jaulas de adopción. ¡¿Quieres espabilar?!

- Voy, voy... ¡Que prisas!

Día 27


Ayer lo intenté una vez más y creo que esta vez he conseguido algo. El chico de energía tranquila parecía escucharme aunque no me dijo nada, y esta mañana el hombre que me trajo a este lugar a venido a visitarme, ha apuntado algunas cosas, me ha medido y pesado. Tal vez nos estemos preparando para un viaje. Creo que saben dónde está Marcos, que van ayudarme. Sé que no todos los seres humanos son como los que he conocido estos últimos días, ellos me ayudarán.

Ahí vuelve. Viene con algo para transportarme. ¡Sí, por fin vamos a estar juntos otra vez, Marcos! Por fin.

- Bueno amigo, nos vamos de paseo.

- Gracias, gracias por ayudarme, no sé cómo agradecérselo.

- ¡Eh! Deja de lamerme y ayúdame a subirte. Menos mal que estás en los huesos, si no a ver quién te llevaba de un lado a otro con esa pata rota que tienes.

- Ahora mismo subo. ¡Lléveme con él, lléveme a su lado!

- Ya está. Ahora te toca la salita.

Vamos directos a una puerta. No sé si es mi imaginación pero puedo sentir su olor, parece tan real, tanto que puede que lo sea... no debe andar muy lejos. No puedo creerlo, es real, ¡es su olor! ¡Por fin lo he encontrado! Todo lo que he pasado habrá merecido la pena si Marcos está ahí.

- Entra aquí. A ver, no te muevas que tengo que atarte.

- ¿Y Marcos? No está. Esto es muy pequeño y oscuro, no me gusta, me da miedo, no quiero estar aquí...

- Estate quieto o será peor para ti.

- Puedo olerlo, puedo sentirlo, está cerca... ¿Dónde estás, Marcos?

- ¡Jefe! ¡Le buscan!

- ¡Voy! ¡Joder, estate quieto ya que pueda atarte!

- ¡Marcos! ¡Marcos! ¡Soy yo! ¡¡Estoy aquí dentro!!

- Uf, y parecía sin fuerzas... Abre tú el gas, que voy a ver qué quieren. En media hora puedes sacarlo e incinerarlo. ¡Ah!, y deja bien cerrada la salita.

- Si jefe, descuide.

- No veo nada, el aire es espeso, me cuesta respirar... ¡¡Ayuda!!

- Buenos días, ¿qué desean?

- Buenos días, estaba buscando un perro para adoptar.

- Esa voz... ese olor... Mar...cos, no puedo respirar... M... arcos... estoy aq... aquí...

- ¿Estaban buscando algo en especial?

- Sí, gracias. Quiero un perro que no crezca demasiado, el último que tuvimos era precioso de cachorro pero después se hizo demasiado grande, tanto que no pudimos quedárnoslo. Pero le prometí a mi hijo que le daría otro, uno pequeño esta vez, que son mejores para tener en casa, ya sabe.

- Muy bien. Vengan por aquí, les enseñaré los que tenemos.

- Marcos hijo, ve con este señor, vas a elegir a tu nuevo perrito. ¿Verdad que te sientes feliz?


Coluber Constrictor
Primer premio del II Concurso de Relato Corto "El mundo del perro",
otorgado el viernes 4 de mayo de 2012 en la inauguración de la XX Feria del Perro de Archidona.

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