agosto 14, 2013

ALLANAMIENTO Y DEMORADA

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A Nat

Después de una visita informal e intransigente a una familia rota -en vano intentó coger todos los pedazos para encolarlos antes de abrir persianas y paredes, sacar brillo al moho en los corazones, llenar las mentiras con verdades inocentes y sonrisas de trapo-, se dejó arrastrar por cada paso hasta dar con un parque a reventar de recuerdos en marea cuyas trayectorias chocaban una y otra vez con su alegría, dándole codazos en el costado en repetidas ocasiones, pisoteando casi sin querer sus raíces hasta hundirla en el césped rodeada de sueños impensables. Desde allí pudo ver en pasarela de cruces decenas de andares diferentes, nubes negras sobre pájaros blancos suspendidos en clase de vuelo y sin repesca, perros con y sin dueño, dueños con y sin vida. Así fue la bienvenida del lugar que la vio nacer, esa tierra fértil en la que tantos vierten desperdicios.

Cansada de rendirse, se dejó convencer por el latido y salió del subsuelo para volver a la guerra involuntaria de quien tiene todo que perder y todo el tiempo del mundo para seguir buscando la salida. Y la encontró en otros iris que miraban en la misma dirección: el infinito. Por un instante todas las máscaras cayeron, deshechas, invitándola a entrar en lo profundo en vórtice famélico, engullendo el espacio y la materia alrededor, matando al dolor por crear de improviso una realidad paralela donde verter la carencia, todos los alfileres de su boca, toda la rabia / el odio, todo el miedo. Y es que el gesto se queda a medio camino cuando un solo momento esconde maravillas.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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