agosto 04, 2013

AUTORRETRATO CONVEXO

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Ella es así. Si la ocasión lo requiere pone las dos manos sobre su rostro, moldeándolo hasta que coge la forma deseada. Una nariz aquí, un ojo allá observando el infinito, el labio inferior arriba y el superior colgando de la ceja izquierda, inclinada por el sobrepeso existencial en diagonal justo donde cruza con el otro ojo, que mira hacia dentro en busca de un encuentro mientras olvida la otra ceja bajo la sombra de un indio auténtico, con pluma y todo. Siempre tuvo un humor un tanto surrealista, de altibajos imprecisos y tacto hipersensible al fuego, al hielo, al insulto y a todas las caricias. Su lengua es bipolar; su mente se compone por un sinfín de individuos que aprendieron el arte de volar sin paracaídas / para caídas ya están los tropiezos de su laxitud kilométrica, los puñetazos del pasado, las verdades hirientes del ahora mismo, su recién suicidada incapacidad para creer en la bondad del ser humano.

En ocasiones se arranca la mirada de los ojos y la lanza en dirección al espejo para invertir los polos y enumerar defectos que barre bajo la alfombra o simplemente para herirse un poco más, sacar toda la pus de las heridas y dejarse un rato más al escozor salino de aquello que está vivo y, por consiguiente, aún siente algo. Este proceso, de duración indeterminada, no está regido por nada sino por alguien que pretende toser todo el lastre. En ocasiones lo consigue, sin saber cómo pero sí cuánto.

También es capaz de sentirlo todo aunque a veces calla demasiado. Otras, ruje antes de tiempo pues no hay relojes internos que condicionen el impulso rítmico del motor ensangrentado que la impulsa, como cohete incontrolado o control en movimiento predefinido. Que la vida es un juego lo sabe de sobras, por eso ríe y canta y llora y vierte y grita y baila y muere sin final y se disfraza. Por eso se moldea, se reagrupa, se transforma. Ella es así. Mañana será otra.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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