agosto 05, 2013

EXTRACTO DEL DIARIO DE UNA GOTA DE AGUA

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Despertarse tres veces. Levantarse inmediatamente después de la última con llamas de luz en los ojos; arden, queman, pican, duelen. Inundarse bajo un grifo abierto, apagar las retinas, colocarse con el humo resultante en posición asimétrica. Nadar en una gota de agua y caer con ella, plink, hasta el desagüe.

Deslizarse por las cañerías con la libertad en las manos y el cráneo encogiéndose, dando vueltas y vueltas en la lavadora de un sueño anónimo que, como no se recuerda, tampoco existe. Ensuciarse de todo lo ajeno, perder la claridad, la transparencia, en la última bifurcación antes de la caída. Colgarse desde el filo de una nube y pellizcar al viento para que te lleve a casa. Caer en posición del loto premeditadamente dejando un trozo de ti, quizá una oreja, en una cumbre.

De vuelta a las paredes, recibir un mensaje telequinético de fuga amenazando con volver. Con volver a anclarse. Con volver a echar un poco más de menos. Un poco más tan sólo, si diera más por menos recibiría menos; si diera menos por más, aún menos todavía le restaba. No hay que creerla, no sabe medir, no sabe calcular, no sabe nada y lo da todo; miente más que exhala porque no se conoce, porque se da miedo. 

Cerrar la puerta a cal, de canto, añadiendo el blanco a la amalgama de colores remezclados que forman esta forma deformada de líquido amniótico, de gota de agua. Abrir una ventana a lo indecible.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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