agosto 21, 2013

LA DESPEDIDA

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A todos aquellos que dejo en el camino.


No es la primera vez que te despides ni será la última, pero esa sensación de desamparo está tan afilada como la primera vez. El sabor agridulce en el paladar te recuerda que, como tantas otras veces, la decisión está tomada aunque la pérdida te queme por dentro un poquito más, aunque detrás de la puerta golpeen infinitas oportunidades de crecer junto a los otros a pesar de los desencuentros, como quien aparta las piedras en lugar de escoger otro camino. Sólo que esas piedras son inamovibles y nunca se te dio bien esquivar golpes, siempre preferiste recibirlos; recrearte en el dolor para entenderlo, para sentirte viva; para poder advertirle al mundo de su trágico destino. Para salvarte a ti misma.

Pero el mundo, como tú, también decide, también elige. Está en todo su derecho, igual que tú de apartarte a un lado y dejar que el choque se produzca como estaba previsto. Si te quedaras en medio te aniquilaría. Te llevaría por delante. Y entonces nunca sabrías qué es lo que realmente esconde la vida detrás del escenario de cartón piedra que ha ido construyendo y perfeccionando el ser humano desde que se deja guiar por el egoísmo. Nunca encontrarías la salida.

Si la soledad ha de ir contigo de la mano, que así sea. La habitación donde encierras el dolor no tiene cerradura, ni se abre sólo por dentro y las paredes están llenas de ventanas. La gratitud por haberlo vivido siempre estará ahí, latiendo, aunque te parezca que haya durado un suspiro.

Guardas la pureza y has de protegerla a toda costa. De ahí la eterna huida que te define. De ahí tu condición de despedida.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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