septiembre 02, 2013

EL ORIGEN

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La serpiente continuó devorándose hasta la saciedad. Saboreó con parsimonia lacerante las consecuencias; arrodillada, ingirió la ira aderezada con arrepentimiento de dudosa procedencia y se digirió a sí misma el noveno día. No quedó nada de lo que fue. Excepto la piel, que se mudó meses antes al prever estampidas en las puertas con acoso y derribo a la intimidad, eximiéndole de su derecho innato a contraerse para sonreír al menos una vez todos los días.

Al verse amontonada, la sin forma fue tomando tal consciencia de sí misma que aprendió a reorganizar el tejido, horneándolo lentamente con una llama que surgió en combustión espontánea desde la zona que cubría la caja torácica aún en percusión constante, aunque no hubo oídos posibles en la escena del autocastigo que puedan corroborarlo.

Una vez perfectamente cocinada, la masa ya mansa se amasó a sí misma con la treceava letra del abecedario; al arrancarla del lenguaje, éste se vino abajo y en pleno efecto dominó trastabillaron todas las letras formando frases tan impronunciables como verídicas.

Justo en el momento en que cesó el último sonido llegó la forma. La materia se revolvió serpiente. La serpiente mudó para morir desnuda. La piel ardió en preguntas que resolvió quemándose. Pero esta vez la masa pudo romper el vínculo al identificar el verdadero origen de su desgracia: ella misma.

Ahora, en su lugar, una mariposa blanca.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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