septiembre 14, 2013

LA BALANZA

0 comentarios

Siempre está ahí, moviéndose de un lado a otro, sutilmente al principio para ir desatándose poco a poco, sin tiempo ni espacio que le delimiten, que le fuercen a ser lo que no es: estática, precisa, pura.

Se siente tan pequeña como una de esas arañas diminutas que viven en los racimos de uva moscatel, tejiendo sus alacenas con suma precisión hasta que a cualquier animal con colmillos también le dé por tener hambre. Tan pequeña como un silencio aislado entre una multitud de pensamientos. Pero confía en que en algún momento volverán a callarse, volverán a morir. Y ella podrá correr descalza siempre que le plazca, tendrá espacio de sobra para recordar cómo se hacía una voltereta, la rueda, el pino, cómo era eso de subirse a los árboles y quedarse colgada del cielo durante horas alternando los brazos, con los dos a la vez, con uno solo. Dejarse caer sin hacerse un solo rasguño, sentirlo todo y conservar la cordura, aconsejar a los mayores cuando te lo piden, ayudar a una anciana a cruzar la acera, tirar el papel de aluminio en la basura, sonreír, sonreír a todas horas. Aprender a escapar del hombre malo del parque, del comedor escolar, de la niñera que desapareció sin despedirse. Correr más que ellos para que no te alcancen, esquivando tropiezos y quietudes.

Se ha saciado de mascar cristales, de arrodillarse y esperar que acontezca alguna magia de repente. Ahora sólo quiere cumplir lo que dijo una vez cuando le preguntaron qué quería ser de mayor: pequeña. Como una araña. Como un silencio que vuelve.


Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

Si tienes algo que decir, dilo.

Se aceptan quejas, reclamaciones y críticas constructivas. Tarjetas, no.