septiembre 23, 2013

SOMBRA DE NIÑA AEROSTÁTICA

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Rara vez el sonido la eleva tan alto. Antes sólo subía un par de veces al día, tres a lo sumo, por aquello de no desintegrarse. Y mírala, tan campante, flotando por la habitación e imitando, según dice, a la canguro voladora de su infancia, simulando que toma té con pastas hindús en el techo, boca abajo. Suerte que dejó cerrada la ventana, si no a saber dónde termina con esa cabeza que tiene tan llena de helio.

Un día se caerá pero de verdad, le volverá el peso de pronto y se dará un leñazo. Y entonces le diré aquello de "te lo dije". Y se dará cuenta de que tiene que empezar a hacerme caso, a mí, a su sombra, que paso cada minuto de mi existencia con ella desde que nació, envuelta en sangre y sin querer probar bocado durante días enteros. Yo, que sólo quiero que me haga caso.

Al principio era difícil que me escuchara, gritaba hasta romperme y yo, claro, tenía que volver a barrerme bajo la cuna. Ella gritó y gritó durante años, sabiendo que yo no podía estar tanto tiempo sin comer y acabaría mudándome. No se equivocó.

Pero ahora he vuelto y ella sigue haciendo piruetas sobre la ingravidez. Y ríe. Dice que me regala todo su amor; se gira boca abajo y saca un miedo. Me lo da crudo. Como a mí me gusta.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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