septiembre 03, 2013

TELEMPATÍA AUMENTADA

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La empática ha vuelto a las andadas. A pesar de las colisiones habidas y por haber, siempre acaba regresando para llenar el vacío del pasado con presentes, para dar siendo dada aunque sea a destiempo y su imaginación supere con creces lo tangible, confundiendo su visión ilimitada del mundo en general y de sí misma en partícula creciente. 

Después de haber dejado el grifo del sentir abierto, su burbuja se llenó hasta rasgarse cediendo el paso a un alud tóxico en avalancha que terminó impactando contra su frente. Aturdida por el peso, sólo supo cavar una cueva donde esconderse y se vistió de hielo, ignorando que el dolor seguiría doliéndole. Más pronto que tarde el almacén de la memoria aprovechó la ocasión para autoflagelarla por el error cometido; pero su debilidad le acabó delatando y ella pudo devolverle una de sus triquiñuelas más voraces. El resultado es que el que piensa se ha callado y la que siente está así, desmejorada, recuperándose, invirtiendo el tiempo hasta llegar a su infancia, mirar al pánico a la cara y perdonarle, quererle, dejar que pase y se acomode, invitarle a una copa de madrugada. Quizá de esta forma aprenda a reparar espejos con las manos desnudas sin cortarse, a dejarlos caer sin alejarse demasiado e incluso sujetar su reflejo antes del impacto.

Por eso ha decidido apuntarse a un curso astral sobre cómo controlar lo incontrolado sin dejar de fluir por ello. Su finalidad es saber desfragmentarse guardando todos los datos en el proceso y recomponerse luego eficazmente, instalar un sencillo interruptor en su defecto / virtud más inconfesable y llamar la atención sin ser vista por los eternos famélicos que trafican con sangre incandescente, además de un par de anexos titulados "Cómo reconocer el color gris en todas partes" y "Guía práctica para evolucionar sin hacer(se) daño". "Muchas lecciones para sólo dos codos", piensa el almacén en orden caótico de su cabeza apática. Más ella no responderá pues no le importa porque el latido es el único idioma que entiende, en todo caso el pulso de la percusión bajo la carne y la arritmia simétrica de algunos pálpitos. 

El corazón nunca olvida. Existe. La compuerta es la misma de siempre.

Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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