octubre 09, 2013

LUMINISCENCIA

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Lo peor para la tinta interminable es cuando le acomete esa sensación certera de no tener nada que decir, nada que dejar para que alguien sin huellas lo recoja con mimo, lo alimente y de nuevo lo vista de regalo.

Ella nunca sabrá hasta dónde puede llegar su voz muda, que sin decir lo suelta todo mientras se observa a sí misma nadando sin excusas de neopreno o negaciones a modo de flotador atravesado en la laringe.

A veces se lo pregunta con forma de respuesta y escribe en orden matemático cada desvío de su elocuencia nonata.

Otras, se entrega al silencio hasta que no tiene nada que decir. Y, simplemente, se regala.


Nuria Barea
Rescatado de La Libreta Azul

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