enero 23, 2014

[SIN TÍTULO]

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Soy fruto de mi propio sueño,
soy un diccionario de contradicciones.
En la ciudad soy un siervo,
en el bosque un ciervo.

Desconozco qué pasos erré para llegar hasta aquí.
Por mí fluyen como trenes nocturnos
los más grandes pensamientos,
            por mi insignificante cuerpo...
mis venas son vías de ferrocarril. Las ideas
me habitan como si yo fuera un palacio.

Descorro las cortinas y los trenes amanecen,
quieren salir de mí,
han amanecido con bocas de depredador.
Me desgarran con facilidad,
como quien deshoja una flor
o inflige una herida a un anciano.

No comprendo a los animales ni a los hombres.
Las flores siguen cayendo de mi cuerpo,
veo cómo se apagan en el suelo.
Cuando la última de ellas deje de iluminar
los pasos que ya di, es probable que muera.

Camino junto a orgullosas hormigas aplastadas por el sol,
junto a hombres derrotados aplastados por la luna.
Tengo un yelmo y una duda posada en la cabeza,
es una enorme cigüeña alimentando a sus crías.

También tengo un hacha,
pero no tengo armadura.
Utilizo el hacha para apartar
a los que se acercan demasiado.

La cigüeña permanece encima de mi cabeza.
Sus plumas son hermosísimas,
no puedo dejar de mirarlas.
Yo soy sus plumas y soy sus crías.

Así son las ideas:
cometas luminosas que escapan de nuestras cabezas
dejando una estela fugaz en la habitación a oscuras.

Hace años las sombras
entraron en nuestras bocas abiertas y asustadas.
Allí han crecido, en nuestra saliva.
Han puesto sus huevos y han dado de comer a sus crías:
cuervos y pequeños cocodrilos que ahora nos muerden la lengua.

¿Qué frase certera lograremos articular
si animales furiosos se han adueñado de nuestra boca?
Estamos hechos del universo que habita en nosotros,
de la telaraña delgada que une ese universo,
de los sueños atrapados en esa telaraña.




(varios autores, antología de Sergi Puertas)

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