abril 11, 2014

PENSAMIENTO-EMOCIÓN-CONDUCTA

1 comentarios

Desenmarañar los pensamientos, que se entrelazan en tela infinita de araña hambrienta de más, es tan fácil que resulta complicado. Tirar del origen de uno solo de ellos es harto pegajoso, de un tinte hipnótico que activa tu automatismo instándote a hacer lo que harías despierta, pero durmiendo. Te narcotiza y le da igual que no sea el momento adecuado.

Tú, en cambio y mientras tanto, te pierdes las tonalidades de gris que desfilan ante ti. Los gestos más pequeños que abarcan más allá de una suposición, la respiración del mar contra tu nuca, las conversaciones que recitan en prosa, la arena dorada cubierta de pies mojados, la palidez en modo lagarto enrojecido, la bolsa de plástico devuelta por las olas, varios interrogantes meciéndose en su mirada. Los domingos a medias, el sonido de tu propia risa, el estómago llenándose tranquilamente, acordes que aún suenan bajo el agua y un autógrafo en carne con tinta resistente a los lavados. Las jornadas a solas haciéndole el amor a las canciones, pasar de cinco a uno en el cambio de marchas del aire que te ensancha, correr sin dirección y con sentido acariciarles. Escuchar el gemido de agradecimiento de dos perros que comen, con la piel marcándoles los huesos, en mitad de la acera, bajo un árbol que llora de repente. No ver pasar el paisaje, atravesarlo.

Todo apunta a sentir
y se dispara.

Gracias a la caída vuela el pájaro.


Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

Alguien no se calló:

  1. :) Sensiblemente viva.

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