junio 18, 2014

LA CALIDEZ MOJADA

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Asomaron los primeros rayos de sol. Una brisa fresca se filtraba por la ventana entreabierta. Al girarse, la vio. Aún dormía.

Comenzó a acariciar su piel desnuda con los dedos, recorriendo su silueta desde el cuello hasta el final de la espalda. Observaba cómo el vello iba erizándose a su paso, escuchando su respiración dormida, acompasada. Se acercó más a ella para sentir su cuerpo. Sus manos la recorrían, reconociendo con las yemas la textura de su carne cálida.

Ella, lentamente, volteó la cabeza. Con media sonrisa, gemía despacio. Y la besó.

Lamió sus labios húmedos, jugando con la punta de la lengua mientras la mano derecha, deslizándose por su vientre, se iba colando por debajo de las bragas. Su mirada encendida, el movimiento felino de sus caderas, su respiración entrecortada, sus gestos pidiéndole un poco más fuerte, un poco más rápido. 

Se corrió. Y despertó con el frío de la brisa, con el amanecer en la ventana. Estaba sola.


Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

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