julio 25, 2014

A GATAS

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Resulta que por la noche todos mis ojos son pardos
y se estiran las pupilas despertándose.

Casi un millón de veces he tenido que decir
que no me he colocado
aún
      que son así,
no eligen un color pudiendo tener varios.

Cuando intuyo una soga pretendiendo acercarse
o cadenas de luz en las muñecas,
rodeados de súplicas los tobillos,
se activa el escapismo que aprendió a liberarme
y no miro hacia atrás ni cambio el rumbo
mientras estén pisando mi camino.

Pero las voces infinitas que he callado al mirarte
me susurran lo que no quiero escuchar todavía.

Es el resorte de la curiosidad eso que empuja
las ganas de saltar,
trepando por el tronco hasta una boca
con nombre impropio,
ideas ajenas,
latidos en plena consonancia con la música,
que sabe hablar también con el silencio
y se sumerge a pulmón sin fuga entre las manos.

Podría acabar maullando de tejado en tejado,
bajo una vía láctea que me encoge la sed,
hasta encontrarme
cara a cara
con el riesgo
o contigo de frente y sin testigos.


Nuria Barea
Revista Zoque nº 10

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