agosto 26, 2014

CUANDO JUEGAS CON FUEGO

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Con tus juegos de pilla encendiste mi mechero provocando el encuentro de tu gesto y mi mano. Observé la estrategia de las casualidades, vi tus ojos lamer el metal de mi boca y alimenté las ganas de hacer callar la tuya con mi lengua. Fabricante de excusas para verme a la caza, te miré por dentro desnudándome: allí estabas, queriendo algo de paz y dando guerra, pidiéndome algún grito ahogado por la almohada.

Te dije ven y lo hiciste con la sonrisa puesta y la armadura brillando bajo una bombilla que se movía tímida en cada raspado de guitarra. La percusión estuvo a cargo de dos ritmos cardíacos acelerándose contra una pared cualquiera y no hubo aplauso ni público pues la actuación justo acababa de empezar para nosotras.

Atravesaste mi nuca con los dedos, mordí tu cuello hambriento, te aferraste a mi culo apretándome los dientes y hallaste el contraataque restregando mi cresta ilíaca en tu sexo. Invocaste a las diosas cuando me dio por comerte sin cubiertos ni manos, cuando el sudor se mezcló con las horas que pasaron descalzas y corriéndose, bebiendo de tu sed bajo las bragas mojadas. Ronroneé en tu oído para ti, temblé para ti, me retorcí para ti y te marqué para mí arañándote la espalda.

Esto es justo lo que ocurre cuando juegas con fuego.


Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

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