agosto 17, 2015

NOCTUARIO

2 comentarios

Me acorrala la música en esta parte del garito. La voz negra de hombre gris que rapea contagiándome, ese tema de baquetas que percuten en mi cráneo o esta canción que no termina y sin embargo está diciendo nada. Como vacuna antifármaco me automedico inyectando otra forma de escuchar: usaré los ojos por un rato.

Hay un botellín a medias calentando la barra; alrededor amigas, conocidos, gente reconocida y gente por desconocer. Hay un beso en el hombro de mi prima sinsanguínea, la que agita la risa y crea un cosmos; esa mujer, que es tan grande porque se cree diminuta, le está besando con lengua tiernamente. Aquella loba no aúlla porque está camuflándose y esta mujer claroscura es como un lienzo de ojos limpios. Se acerca un hombre sin nombre, se presenta, se autoinvita; me desintegro al escuchar conversaciones banales que ya estoy olvidando, aunque me hagan reír, aunque me traspasen, aunque tengan derecho a existir ahora mismo. Entre el tumulto hay vacíos donde el tacto me revuelve un poco más, una nostalgia queda que sigue quedándose.

Un manantial de personas va inundando las esquinas del recién remodelado local, el cubo cerrado ideal para un naufragio recreativo. Esto me hace recordar que el aforo de mi cuerpo también es limitado: sólo cabe un par de alas para errar libremente. Que en realidad no hay nubarrones que cubran el sol, pues continúa brillando al otro lado.


Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

2 no callaron:

  1. Sara dijo:

    Me ha encantado lo del aforo limitado del cuerpo (me encanta el concepto!! muy cierto!), prima sinsanguínea.

  2. Y lo mejor es que los lazos sinsangre ni aprietan ni destruyen :) Bonita!

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