agosto 09, 2015

PERIODO VOCACIONAL

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Voy sujetando el volante como si fuéramos amantes, ignorando relojes y velocímetros, sintiendo a la vez la dicotomía de una caída ingrávida después de haberme tirado del vehículo en marcha. Veo las líneas que marcan cierto rumbo fijo en continua discontinuidad sin tocar del todo el suelo, sin moverme aunque el tiempo se desplace alrededor. El viento es quien conduce manejando este círculo. Y yo, fuera de él, me descubro sin miedo.

Ahora puedo parar, puedo seguir, puedo poder. Empezar cada día abriendo las ventanas y cerrando con llave las puertas al salir. Puedo olvidar el sonido del teléfono, el de mi voz cuando callo al decir, cuando hablo a solas. Espantar el calor a manguerazos o montar una piscina sólo para animales. También cuidar mi jardín, dar de comer, alimentarme. Terminar lo que empiezo, reparar lo que toco, ordenar los desórdenes, equivocarme. Puedo dudar de todo, sobre todo de mí. Puedo engañarme y hacer para dejar de pensarte, pero cuando descanso tú regresas. Puedo aceptarte.

Todo ese amor que guardé sólo era mi ego esperando. Ahora quiero no ser, pulverizarlo en el viento... y que salpique. Hay demasiado infierno para vivir sin darlo.


Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

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