octubre 11, 2015

ME DECLARO CULPABLE DE HABER OLVIDADO MI INOCENCIA

0 comentarios
Una mujer rubia de bote extorsionó mi dignidad
cuando todavía desconocía esas palabras,
ni siquiera sabía entonces que algunas se teñían.

En el comedor del cole había un niño con gafas,
enclenque y enfermizo,
al que obligó a comer su propio vómito
a cucharada limpia.

El resorte de la rabia propulsó mi cuerpo
y mis voces se unieron en un único BASTA;
esa fue la primera vez que me encerró
en el cuarto del pánico y a oscuras.

Cuando dormían los pequeños me llevó hacia otra clase
y, sobre una silla verde tan fría como sus manos,
me invadió quitándome el vestido.

Se ve que le gustó,
pues repitió a diario
y sonreía al verme maniatada.

Lo poco que saqué de esa experiencia
fue detectar sin error al pervertido del barrio,
el que nos ofrecía cien pesetas a cambio
de sentarnos un rato en sus rodillas.

Además de una amnesia demasiado concreta
para ser casual,
demasiado profunda para ser de mentira.

Por eso aprendí antes de los siete a fingir
que estaba enferma y nunca llevo falda.
Por eso no soy rubia: ni lo seré, ni lo he sido
aunque las pruebas demuestren lo contrario.



Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

Si tienes algo que decir, dilo.

Se aceptan quejas, reclamaciones y críticas constructivas. Tarjetas, no.