marzo 28, 2016

CONSTRUIR UN TOMATE (ANTES DE HACERLO PICADILLO)

2 comentarios
Yo quería construir un tomate
y cada vez que abría la mano, dibujaba un despiste,
y en cada despiste se me metía un raíl y una uña.
A mi espalda susurraban los poemas,
que, al darme la vuelta, ya no estaban.
El horizonte se veía grande porque no era mío,
y mi sombra pequeña por exactamente lo contrario;
nada de esto me impedía seguir pellizcándome,
abrazando punzones para estimularme la sangre,
contestando en ruso encuestas sobre el sarampión.
Como haciendo calor, tenía frío además de hipo,
me acurruqué hasta que pude rodar hacia arriba.
Aunque parecía sólida, por dentro no era sino rubor y agua,
algo que no sabíamos más que el océano y yo, y que yo ya no oculto.
Descubrí dónde estaba la sal y el aceite: ni cerca ni lejos,
sino en medio, y entonces fui a buscarme y yo ya no estaba.
De verdad que quería construir un tomate,
sacarlo a pasear, entablar con él conversaciones no mamíferas,
distraerme, cuidarlo mucho con los dientes...
pero cada vez que abría una mano, se me caía la otra,
y cuando iba a recogerla, me crecía un tren bajo cada pie.
Y yo, tan despistada y sin maletas, me iba, yo me iba...



Elena Román
Hay menú económico

2 no callaron:

  1. Y yo, tan despistada y en la parra, me entero tarde de todo... Abrazos, Nuria, hasta hacerte gazpacho :)

  2. Tú sí que sabes calarme jaja Mmmuá!

Si tienes algo que decir, dilo.

Se aceptan quejas, reclamaciones y críticas constructivas. Tarjetas, no.