mayo 15, 2016

EN MI HAMBRE MANDO YO

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La pobreza
rinde al papel de bestias humilladas,
afanosas de pan, enfebrecidas
                            por amasar un ápice
                                            de la moneda injusta.

Los poderosos pugnan
por domeñar propósitos.
Es una de las muchas potestades
  que otorga el capital y su ponzoña,
  además de un larvado tedio gris
                         casi siempre tendente hacia el sarcasmo.

Pero una cosa es cierta: los pobres están vivos.
Y decir vida es decir grande y pequeño.
Que se enteren Nerón, Daisy Buchanan,
Midas y Mefistóteles: no todo está a la venta.

De la piel hacia adentro nunca serán dueños.



Raquel Lanseros
A las órdenes del viento

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