julio 21, 2016

EL (D)OLOR TAMBIÉN ES UN RECUERDO

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Las manos me huelen a nostalgia,
sus caricias se enredan en mi pelo.

Vivir en un cuerpo conlleva alimentarlo de tantas formas,
que solía dejarme olvidada una gota de sed
decidiendo si dejarse caer o seguir aferrándose
al rugido de un hambre que no cesa
porque no se alimenta con la sangre,
ni con la savia,
ni con el agua,
ni con el aire.

Estoy cansada de estar cansada,
de encontrar el sentido a mi forma exagerada de sentir
que llevo el peso de la atrocidad en la garganta.

Vislumbro mi liberación gimiendo en verso,
expulsando así el peso de cualquier muchedumbre que me habite.
Pero ya no me basta con decirlo,
ahora lo que quiero es escucharme haciéndolo.

Y que ella siga aquí cuando despierte.




Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

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