julio 28, 2016

MONTE BLANCO SOBRE CAMPO VERDE

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Hay un pequeño Himalaya en mi jardín
de rocas blandas.

Al hundir la pala en su vientre pedregoso
como quien encuentra un tesoro sin buscarlo,
provoco la avalancha que percute en el margen
y su descenso rítmico se vuelve en la caída
una danza de choques,
una alfombra de tropiezos donde caer tranquila.

La montaña se agacha un poco más cada día,
convirtiendo en ladera sus abismos más hondos.
El jardín se hace manto blanquecino de aristas
y los pasos del tiempo lo moldean con mis manos
mientras van germinando las semillas del viento
debajo de mi séptima costilla.

Hay un sueño haciéndose real en mi jardín,
llenándome de flores las pestañas.


Nuria Barea
la [nueva] libreta azul

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